Tuesday, August 30, 2005

Péguenle al negro


Para Ismael, Armando y Gabo.



Hace calor, exhaustivo: en demasía.
Las chicas se despojan de sus tops y quedan sus senos al aire, luego los decoran con airbrush. Con dibujos de mariposas o de cualquier especie, solo cubren sus pezones.
Algunos de ellos dan verdadera tristeza: hay senos picudos, enormes o de plano insípidos. Aunque puede uno darse cada sorpresa. Por lo general son las latinas las mejor dotadas.
Las regaderas en el centro del lobby, para alivianarse de la larga jornada de bandas tocando. Comenzaron a las nueve de la mañana y ya es media tarde.
El Ozzfest, el límite de las ilusiones. Las drogas, el ligüe instamático, somos una familia feliz. Momentos Kodak. Los girasoles giran. El mundo no se detiene y estamos en the happy tour.
La cerveza helada en enormes barriles de hielo. En el foro la guitarra, la batería y el bajo destrozan los oídos, las paredes del anfiteatro.
Estoy aquí, sobrio. Viendo a todos lados. Mis ojos quieren salir de sus orbitas. Mi corazón late a mil por hora. Llegara la hora de ver por segunda vez en mi vida a Black Sabbat. Solo tengo treinta y cuatro. Soy un chico doble 17. Pasé la edad de Cristo.
Los de Velvet Revolver traen un buen sonido. El Slash junto con Duff y Matt tocan Mr. Brownstone.
Salimos a comprar cerveza. En varios puestos hay juegos extremos. Me llama la atención uno en especial.
Sentado sobre una hielera esta un chico negro, se parece tanto a Ronaldiño, el jugador del Barcelona. La apuesta es la siguiente: te dan tres tiros y debes de darle en la cara al chico.
Te cobran cinco dólares: si en ninguno de ellos le das solo te ganas un disco recopilatorio del festival. En cambio, si atinas a golpearlo en la cara, te ganas la playera oficial, mas el disco y la revista oficial.
Tengo dos dólares en el bolsillo. Le dijo a Ismael dame tres: Juega, solo si fallas yo me quedo con el disco.
Me parece sensato. No voy a fallar, aun estoy sobrio. El gringo con sus multitatuajes toma los cinco dólares. Abraza, besa y apapacha a su novia. Una pelirroja vestida de rojo, de piel blanca como la leche. El morenazo se sienta sobre la desvencijada hielera.
Coloco el balón y disparo la primera oportunidad. El balón pasa demasiado lejos de él. Lo coloque en una orquilla. Soy malísimo para disparar los penaltis, por lo general siempre me los detienen.
En la segunda oportunidad, coloco más a la derecha el balón. Doy dos pasos para atrás y el balón pasa muy cerca, pero aun no logro afinar la puntería.
Ismael esta ya casi tomando el disco de consolación. Ni hablar. La maldición de los seleccionados mexicanos me seguirá en Dallas Texas.
Algo de fe queda en mis botines. El tercer intento coloco la base del balón lo mas cercano a uno de los extremos. Le internaré golpear el balón con la parte exterior.
Vuelvo a dar dos pasos para atrás. El cielo se detiene. El morenazo se pone las manos en la cara. Ismael observa. El balón sale disparado. Se incrusta en plena cara del chico. Al recibir el impacto se va para atrás. Los mirones gritan gol. Yo digo: yes.
Ismael se va con su disco, yo con mi playera del Ozzfest.
Slash sigue tocando con Duff y Matt Sorum. En un rato más, cuando salga Ozzy, ya tendré puesta mi playera. La portaré con orgullo. El morenazo, por cierto, se rompió la boca del impacto. Gajes del oficio. Pero siempre quise tentar mi suerte. Hoy soy un elegido de los dioses.

Monday, August 15, 2005

Como hemos cambiado




Como hemos cambiado

El país sigue perdido. Hay un barco en donde despareció el timón. El capitán se enamora de si mismo. Su camarote es un gran espejo. Se hace el amor en solitario y después del acto respira con solemnidad. A mi me gustaría pegarle un chicle bala a su cabeza.
Los pasajeros, los de segunda, tercera y cuarta, vivimos aterrados mientras la orquesta sigue tocando el mismo vals: el de los desesperados.
Las ratas devoraron las bodegas. Nadie se mueve, nadie dice nada. Todos somos silencio, entumidos.
Ángel es mi amigo. Es pasajero de este barco. De mi pequeño barco de memoria. No recuerdo haber pasado palabra con su padre. Siempre fue huérfano al cuidado de su abuela y su tía solterona. Ángel estudiaba en la primaria del barrio.
Nos separamos. A mi me enviaron a la escuela piloto del estado.
Pasé la primaria enterrado y saliendo de la dirección, contando los mosaicos de las paredes, a jalones de patillas, con la tarea a medias, sin primer amor. Entrevistado por el papá de Dorita, mi compañera de salón, quien era psicólogo del tutelar de menores, diciéndoles a mis padres: no hay problema, es un niño normal, con una inteligencia superior: esta aburrido, denle actividades extracurriculares.
Ángel supongo sobresalía: su color negro (su abuelo vino de cuba antes de la revolución de Fidel, a jugar pelota con el equipo de la ciudad, luego, sus éxitos le permitieron entrar al salón de la fama, en el local pegado a la cervecería).
Era él, nuestro primer ángel negro, con ojos verdes, cabello rizado y con una voz gutural desde niño, muy bueno para gritar las canciones de death metal.
Nos reencontramos en la secundaria.
Caminábamos las 8 cuadras del edificio a la casa de mis tías. Mamá nos recogía a mi hermana y a mí.
Ángel, una cuadra antes, siempre pateaba la puerta de una empresa de limpieza de oficinas, donde dos perros dobermans se desgañitaban por clavarle los colmillos a sus piernas.
Así continuó hasta un día, el elemento cero: el dueño dejó abierta la puerta, Ángel patea, salen los perros, y puestos pies en polvorosa, me quedo cual estatua viendo la corretiza. Los ladridos y la baba libre saliendo de sus hocicos.
Aun es fecha de risa.
Ángel es arquitecto, tambien se queja del gobierno, dice “no vale madres el presidente”. Tiene un buen carro. Sigue soltero, mas por gusto, consentido por su abuela, a sus noventa y tantos años, y por su tía.
Es creyente de Malverde y de la Santísima Muerte.
En el negocio de Luciano, otro amigo, le dijo: aquí necesitas ayuda. Compró las dos efigies y sus veladoras.
Les ofrendó tequila a cada hora de comida, por una semana. Pero el negocio siguió a pique, como el país.
Cuando Ángel viste de negro es elegante. Toma cerveza y es capaz de arrojarle un block de cemento a cualquiera, si lo hacen enojar.
La mayoría del tiempo ríe estruendoso.
Me pregunto si el país sigue perdido. A donde vamos, y canto como hemos cambiado, que lejos ha quedado aquella amistad, y así como el viento lo abandona todo al paso. Así con el tiempo todo es abandonado, todo aquello que se da. Así con los años unidos a la distancia, fue así como tú y yo perdimos la confianza, cada paso que se dio algo más nos alejo.
Ángel el caballero de la noche. Yo el hueco de la hora de los sueños por cumplir.

Wednesday, August 10, 2005

Ordinaria Locura


Entrega envenenada


Cierras los ojos en tu cubículo. Es la plataforma de despegue al mundo real.
La luz es blanca. No sabes si es de día o de noche. A veces, en muy contadas ocasiones, percibes el viento aullando contra las paredes de este sexto piso.
Por un momento, en la fábrica de noticias, te imaginas tumbado junto al mar. Sudando. La arena está tibia. Puedes caminar sin necesidad de sandalias. No te preocupa te vean esa uña amoratada, producto de una encontronazo en el futbol.
Escuchas el rugir de las olas. Es casi medio día. Se antoja meterse a nadar un buen rato. Las gaviotas sobrevuelan a una pareja de ancianos. Ellos entregan pan y ellas corresponden con su canto.
Traes el bronceador y hueles a coco. Lo untas por todo el cuerpo. Las instrucciones dicen: evite el contacto con los ojos.
Quitas de las manos los restos de la solución, utilizas la toalla. Todo el ambiente huele a mar. Estas frente a él. Lo desafías en secreto.
Alguna vez ella te dijo: siempre te he imaginado vestido de lino color caqui, escribiendo algún poema inolvidable para mí. Verte en la puesta del sol, decirte anda, la cena esta servida. Pero no. Ella se fué. Y te dejó una nota: contigo ha quedado maldito el amor.
Y ahora estas frente al mar. Son solo tú y él, o ella, el mar o la mar: amar, alamar, adamar, alarmar, alejar.
Todo en esto tiene sentido.
En relación a su envío amparado con el número de guía 2615510047713 le informamos que desafortunadamente sufrió un siniestro de robo la unidad que transportaba su envío, lo cual se acredita en el acta levantada ante el Ministerio Público correspondiente.
Situación por la cual le experesamos nuestras disculpas por este desafortunado incidente, lo cual mucho nos apena, ya que excepcionalmente sufrimos este tipo de hechos, mismos que la Ley considera como fortuitos, entendiendo como tales aquellos que están fuera de la voluntad de este prestador de servicios, pues no se le pueden prever o aún previéndolo no se puede evitar.
Así mismo le informamos que el Acta levantada ante el Ministerio Público se encuentra pendiente de ser liberada. Debemos mencionarle que una vez certificada dicha acta le haremos llegar una copia de la misma.
Ante esta situación nos resta reiterarle nuestra solicitud de cooperación, agradeciendo su comprensión quedamos como siempre a sus órdenes para cualquier aclaración o duda.

Enviaste un paquete y este no llegó a su destino.
No puedes cobrar ese dinero extra para comprar tu boleto de avión e irte al mar.
Te lo deben en la editorial. Es parte de tu trabajo pero el hampa citadina, de una manera diferente, te ha vuelto parte de las estadísticas, de la ciudad más peligrosa del mundo.
Abres los ojos, alguien estornuda. Otro le dice salud.
En resumidas cuentas el bochorno y la desesperación te esperan con puntualidad a la salida.

Wednesday, August 03, 2005

Impotente pero no tanto


Impotente pero no tanto

Debo admitir muchas cosas: mis miedos, mis sobresaltos, mis ansias de vivir al límite.
Por lo general, ya en materia, mis compañeras sentimentales no duran a mi lado más allá del año y medio.
Metallica da más conciertos, ganan más dinero, y por supuesto, son más famosos.
A mi no me enoja compararme con ellos.
Quizá los vea como algunos amigos desconocidos: en común tenemos borracheras imaginarias en el auto, dando vueltas por la ciudad, los pleitos de cantina, los excesos de soda.
No puedo describirme como un tipo rudo.
Me asusta el amor. Durante un año y medio, mi primera esposa y yo lo hacíamos todos los días.
Aun después de nuestra separación, nos reencontrábamos al llamado de la piel.
Ella diciendo mentiras a quienes la recibieron después de haber echado sus cosas a la calle. Para ella no había fijon. Era amor apache: del bueno.
Jamás utilizamos método anticonceptivo, llámese condones o pastillas.
Era yo muy tonto, con 27 años te quieres comer el pastel a puños. Ella estaba de acuerdo en casi todo.
Nos aventábamos el mañanero, el vespertino, y hasta el nocturno, y si por casualidad teníamos insomnio, el uno le rascaba las ganas hasta despertar a la pareja y hacer chaca chaca.
No puedo dejar de pensar en sus enormes senos, como los tomaba en el aire, como se sacudía.
Sus bodys transparentes, de esa hermosa likra y su voz pidiendo que la grabara.
Asistí con ella varias ocasiones al ginecólogo. La likra le producía cierto tipo de alergia. En cada consulta, el médico nos preguntaba si deseábamos tener hijos, de tomarnos el tiempo para pensar, de hacer cuentas para establecernos firmemente.
Sospecho del medico, algo encontraba de disfunción y nos daba la oportunidad de buscar métodos de inseminación artificial. Claro, cubriendo sus honorarios.

Después de nuestro rompimiento, me quedo la sospecha de ser estéril. Soñaba con la figura de Cesar, mi tío, excelente fotógrafo, pero para desgracia de él, estéril.
Es lindo ser niño y sentirte consentido por tus tíos, como César: tener todos los juguetes y dulces, la gente común me envidiaba.
Mi mamá siempre dijo: “se quedo así por ver siempre la televisión de cerquitas”.
Yo pensaba cuantas veces ví la televisión a menos de un metro de distancia.
La Kripotonita televisiva había dado en su blanco, en mi cuerpo. Eso era irreversible. Clavado los colmillos en la oscuridad de la conciencia.

Cuando ella emigro de la ciudad, comencé a salir con la mamá de mi hija.
Había un dicho: Otra peda de estas, y por favor me llevas a oceánica. Disfrutábamos andar de novios. Metiéndonos mano en el súper, en la esquina, en la cantina, en el burdel, en plena calle.
El domingo 21 de enero, a las seis con treinta, ambos llevados por el aburrimiento de futurama, la serie fracaso de matt groening, el uno al otro le lamió el futuro y concibió una imagen inolvidable.
Al terminar la sesión amatoria, lo primero en venir a la mente, era el número de día de su ciclo.
Lotería, buena en cuadritos. Mi supuesta infertilidad llegó a su fin el 14 de febrero.
Yo llegando con un ramo de rosas al trabajo de ella, ella emocionada y con miedo, me dice al oído: felicidades, vas a ser papá.
Por un lado, mi lado bloqueado, digo yes... Si puedes tener bebes. El otro, el más difícil: mandar una carta a mi familia para darles la buena nueva.
Luego, hablar con los papás de ella.
Una comida otro domingo. Y ella viniendo a vivir conmigo. Como siempre. Un año y medio. Ni las giras de Metallica duran tan poco.
La impotencia quedó curada. Luego invente enfermedades nuevas, más locas y mas costosas.

Monday, August 01, 2005

El choque de la semana

Ordinaria Locura


El choque de la semana

Da el sábado en el reloj y en la materia humana. Estamos dispuestos a salir de la ciudad para comenzar la aventura del futbol.
Nos vemos en la casa de Iván, en el barrio antiguo. Su número es inolvidable: 1234, salvación por todos mis amigos: la cita es a las cuatro treinta.
Somos los mismos de siempre, sensibles, ansiosos, caciques, dominadores de montañas de goles. Incansables por la pradera del lado derecho. Uniformados del equipo de preferencia.
Imparable la esperanza de salir invictos: dos goles o diez minutos, lo primero en ocurrir.
La carretera nos lleva al sur. Siempre al sur.
El sur en ciernes, depredado. Este sur viajero, detenido, de plazas con viejos conversadores, desdentados, pétreos.
Vemos la maquinaria pesada entrando en los cerros, blanqueándolos, y esos seres dolientes van poblando sus faldas. Nada esta lejos. Nadie esta cerca. El calor sopla. Derretidos nuestros rostros de cera.
A cierta altura del camino, sin excepción, en los carriles inferiores están los agentes del transito y los del percance.
Por lo general son carambolas, justo delante de un letrero de disminuya su velocidad, carretera en construcción.
Las nuevas colonias observan a los desesperados ponerse de acuerdo. Dando el parte al oficial. Esperando la llegada de las grúas.
A ellos les toca perder el fin de semana. El vehículo encerrado en el corralón. Pasamos justo frente a ellos. Demoramos cuarenta y cinco minutos un tramo de diez. Somos bastante raros en esta ciudad.
Siempre volteamos a ver al accidentado, al herido, al muerto. Santiguados vemos colocarles la sabana blanca.
Llegamos a Villa Toledo. Algunos calientan. Yo procuro estirarme lo suficiente para no lastimar ninguno de los músculos o ligamentos. Pienso en los accidentados.
El partido esta por comenzar.
El sol es enemigo natural, también los cañonazos de Hernán, la rapidez de Isidro, el dribling de Juancho, la exactitud de Romualdo.
El corazón de Rosso. Las piruetas de Vidal. Las chiripadas de Iván. Las locuras de López Moya. Lo encendido de Benji.
Pasan de las cinco con treinta.
En el reloj y en la materia el balón rueda de un lado a otro: busca el pie certero o la cabeza martillante.
Los del accidente aun están atorados en el tráfico, esperando la grúa.

Monday, July 25, 2005

Llaveros

Ordinaria Locura

Llaveros


Enamorarse muchas veces es sinónimo de inutilidad. Quien mucho ama, es detestado al pasar el tiempo, por aquella, llamémosle sencillamente: la ingrata, así obviamos corazones en conflicto.
El coqueteo comienza con misivas sugestivas: invitaciones a comer. Cartas electrónicas diciendo lo mucho, de lo indispensable por compartir con la persona, esos momentos tan fundamentales, como ir al baño, de compras por la comida del gato o de plano dedicarse al mejor vicio de todos: a dormir soñando en ese ser súper natural, capaz de hacernos, aun sea por un instante, sentir especimenes tocados por el dedo de Dios.
Cuando cuaja ya la gelatina, si eso logra suceder en el país de los mortales, nos volvemos cursis.
Comenzamos a regalar a diestra y siniestra cuanto artículo, poema, acróstico, fundas de almohadas, pantuflas con garras de oso, corbatas, camisolas originales del equipo amado; solo aquellas relaciones elevadas, se atreven a compartir detalles tan lindos como un coordinado, o simplemente una tanga, de esas de efecto inmediato, dando como consecuencia una excelente erección.
Si nuestro amor sale de viaje, es por demás común, por el bajo presupuesto, y para acallar su conciencia, nos traen por decir un llavero. Ese pequeño detalle del trayecto, incluyéndonos en cada aparador, de donde tomaron la más perfecta decisión.
Nos han regalado llaveros de corazón, de guitarras eléctricas, del símbolo de la ciudad, de vampiros, de un par de dados de las vegas, de acrílico, transparentes, de metal, de piel, con el nombre grabado. En estuches de colores, sin estuches. Llaveros al fin. El detalle es el importante.
Con el paso del uso, y con el desgaste de la relación, me he dado cuenta, como algunos de esos llaveros se han ido cayendo de su abrazadera.
Es un indicativo o termómetro fundamental para saberse pronto desplazado.
En plena embriaguez, a una ex novia, le quite de su bolso ese murciélago afelpado. Al final de cuentas, y en recuerdo de nuestro mar, me dijo: Esta bien, te lo doy. Nada mas procura no lo vea Abner.
De acuerdo los dos. Nos besamos por el mar, el murciélago y por Abner.
Hace unas semanas se desprendió el murciélago y quedo encerrado en la bolsa de un pantalón de mezclilla. Lo remojaron, lavaron, colgaron, y después, mi madre me lo entregó en la mano.
Ahora pienso en los llaveros caídos en el cumplimiento de su deber. Pero también no dejo de pensar en mi Madre, su silencio, en Abner, en el murciélago, en el mar, y en ella, aun sea amor de medio tiempo.

Thursday, July 21, 2005

B.Y.O.B.

Ordinaria Locura


B.Y.O.B.

En el carro existe un top five de éxitos para escuchar todos los días. Ya han cambiado de sitio algunos.
Equivalente es a irse a la cajuela, a compartir lugar con las cajas vacías, al sin memoria fonográfico.
Algunos nuevos discos se incorporaron a la magia del mp3.

En muchas ocasiones he sido victima del atraco, del robo hormiga de algún amigo, o de los profesionales del hampa.
La última: fue la peor
Incluyó una buena cantidad de ce des, sus carpetas, los cuales, poco a poco, gracias a la generosidad de los amigos, los mismos del robo hormiga, he podido recuperar parte de ese acervo discográfico.
Si el rock es cultura: soy una persona en vías del primer mundo.

En este top five, entró de maroma y golpe el disco Mezmerise de System of a Down.
Lo conseguí primero en los piratas.
Las tiendas establecidas aun no habían recibido un solo ejemplar del dichoso material. Bendito el sistema alternativo de Lime Wire para bajar de la red, una por una las canciones.

Ahora Mezmerise comparte sitio con Who Cares a Lot de Faith No More, Chronicles de Eric Clapton, Clásicos de la Provincia de Carlos Vives y La Argentinidad al palo de Bersuit Vergarabat.

Todos viajan en un mismo ce de.
Puede llover y es buen momento para escuchar al maestro Clapton.
Si en la ciudad el sol resplandece: Vives es un excelente prospecto para salir y bailar.
Los fines de semana, mientras vamos a jugar fútbol, Besuit inyecta la adrenalina suficiente para hacer un fabuloso papel en la cancha, aun perdamos por goliza.
A Faith No More lo puedo escuchar siempre...
Hacer el amor a todo volumen con Mezmerise es una experiencia única, y si te vas de cabeza en pleno acto sexual, puede dejarte consecuencias permanentes.
Un hijo, una descalabrada, una mentada de madres, todo puede suceder cuando escucho a System.
Bendita la hora en que hice un respaldo en mp3 del disco en la máquina de mi trabajo.
Ella me lo pidió prestado con ganas de no regresarlo.
No puedo negar, ya da igual verlo perderse con sus alitas en el horizonte.
Total, ella siempre virgen, invita los tragos.

Friday, July 15, 2005

La triste historia de fifi

Ordinaria Locura.

La triste historia de fifí

No creo en Reed Richards, ni en sus poderes para ser elástico, dijo Carlos. Ando en busca de fifí. Supuse de Arnulfo, mi amigo y fundador de una revista para encontrar esa pepita de oro blanco.
Ambos necesitamos estar un poco más relajados. Es el encuentro de escritores jóvenes, como tales tenemos el derecho a todos los excesos. El alcohol vendrá mas tarde.
Llegamos a la oficina de Arnulfo, como siempre en su carrera continua, le presentamos la interrogante malvada.
Déjenme ver. Busca en su agenda negra el teléfono del otro Carlos, alguien con sobrenombre: el estorbo.
Carlos es un tipo de esos temerarios. Con un bigote siempre bien a la raya. Es el mejor proveedor de libros, revistas y demás estupefacientes, para el alma y para el cuerpo.
Tardara una media hora en llegar notifica Arnulfo. Mientras tanto, Carlos primero coquetea con Emma, la capturista becaria.
Me pongo a navegar en internet y respondo algunos mails pendientes de contestar. Dos días dura el encuentro: prometí dedicarle todo el tiempo posible para escuchar a mis colegas, descubrir esas mismas voces y hacer el mayor número de contactos posibles.
Carlos se comienza a inquietar. Emma le ha despertado sus hormonas laguneras. Arnulfo nos ofrece expléndidos vasos reciclados de anteriores comidas hechas con mole.
Hace calor y nos daría vergüenza despreciarlo. A veces la generosidad de Arnulfo va mas allá de las formas.
Ya viste en el periódico: me muestra la sección de cultura de ese día. Los mayores expositores de la literatura gay son: Margarito Botello, Roberto Jaime, y yo.
Apechugo. Jajajajajaja, se ríe Carlos Primero junto con Emma, quien ya comenzó a fijarse en el visitante.
No queda más. El reloj sigue su marcha y Carlos Segundo, mejor conocido como el estorbo, no llega.
Los vasos de cerveza continuan. Ya comienzo a flotar en el mundo de los escritores, los que están sesionando en el Museo Metropolitano. Ni hablar. Ya llegaremos a las mesas de la tarde, las mas prometedoras.
Justo cuando salíamos por otras caguamas, el momento de devolver la sana cortesía, llega El Estorbo.
Nos dirigimos a mi auto.
Hablar de él es mención aparte: le suena el mofle y como buen ciudadano, en vez de arreglarlo, le puse un par mas de bocinas, para evitar en el interior el engorroso sonido del traca taca tac.
Además carece de personalidad. Por lo general en las noches, cuando ando de paseo como gato en azotea, me confunden con taxista.
Presento a Carlos Primero con Carlos Segundo. Bueno, el rollo esta así, nos dice El Estorbo, vamos con un camarada.
Ya en camino, en una de las calles del centro, nos estacionamos. Carlos Segundo le dice a Carlos Primero: ¿Cuanto quieres?
Ochocientos. Sobrex. Baja del auto y se pierden los dos por minutos semejantes a horas. Pasa una patrulla por el lugar. Yo me espulgo la cara sacándome barritos y una espinilla amoratada.
Listo, regresan los dos. Vamos al hotel, al cuarto de Julián propone Carlos Primero. Entramos y en el estacionamiento me entregan una boleta. Buscamos el piso ocho, la habitación 804.
Entramos los tres y aunque habíamos prometido volver con Arnulfo, a nosotros se nos hace agua la nariz.
Julián trabaja en su ponencia de mañana. Arma Carlos Primero seis líneas de una sola grapa.
Listo. Dobla un billete de veinte pesos. Aspiramos. Aspiramos. Aspiramos. Aspiramos. Aspiramos. Aspiramos.
Fifi ya esta en nuestra sangre. Fifi nos hace más amigos. Fifi es la mejor literatura. Dejamos a los muertos en su encuentro de jóvenes escritores. Fifi cubre la cuota de ochocientos blancos pesos.

Wednesday, July 13, 2005

El Desfile de los errores

Ordinaria Locura
El desfile de los errores


Primero lo sospechas. Te dan ganas de desafanarte. Sobas tu cabeza y solo se cae el gel seco que te pusiste en la mañana antes de venir a trabajar.
No quieres saber nada más de ese momento. Todas las tardes, a partir de ese día, te emborrachas.
Bailas en todas las cantinas de la ciudad. Sin importar el estilo de música, tú deseas olvidar.
Siempre has estado en contra del aborto. Te parece algo demasiado sucio. Solo para personas descuidadas, de países bananeros y de pendejos.
Recuerdas como a tu ex esposa le gritaste: eres una puta, y además asesina.
Te dolió saberte ya no amado. Quizá ese sentimiento jamás existió, solo fue un espejismo del alcohol.
De la buena onda, del rollo apantallador, de ser mas grande de edad, un dizque escritor maldito.
Le gritaste puta, porque el hijo que ella esperaba y se saco de sus interiores era de uno de tus mejores amigos.
Tanto tiempo y el silencio los acompañaba.
Hasta fumaban mota en el patio de tu casa. Y se preguntaban si en algún momento te alertarías, pero nada.
Solo una noche de enojo, entre lágrimas de novela te lo grito: estuve embarazada de él.
Perdiste el timón, tu mar revuelto, tus nervios crispados, hasta en el patio un pájaro negro golpeando el tronco del árbol.
Arruinado, desgraciado, durmiendo tanto tiempo con ella. En los momentos previos al divorcio, antes que te dejara, le dijiste puta, puta, puta, puta, puta.
Estallaban las venas de tu cara. De las tinieblas salieron todos tus infiernos.

Ahora eras el que se mojaba en la lluvia de las emociones. Te lo dijo sentada en el restaurante. Recordaste el día de San Patricio, cuando se emborracharon e hicieron el amor en un garaje.
Ella virgen, tu con toda la historia recorrida.
Tú el irreverente, pero conservador. Ella la conservadora y recatada. Una sola noche fué necesario. La noche que no podrás olvidar.
Le dices que te encantaría tenerlo: aunque sabes el odio de su madre a tu persona. No importa, crees ser mas fuerte, encontrar el perdón y comenzar por tercera vez una familia. Ahora si en serio.
El calor afuera es demoledor. En la zona donde charlan en un momento de lucidez le dices sabes, creo que debemos no tenerlo.
Y ella llora, porque no puede defenderlo. Te ama, pero esas escenas de su madre desconsolada, prefiere omitir. Tú le dices: decídelo.
Ella te pasa un papelito: te amo, y me duele no estar en posibilidades.
Quizá el próximo año podamos encontrar la tierra correcta para poder verlo florecer.
Te pones de meta un año.
Van con el doctor en el extranjero.
Hablas con tus amigos, ellos te animan a no perderlo. Y con odio blasfemas, que te espera la miseria, no necesito eso. Sino escapar.
Ella llena el formulario. Entra con el doctor, piensas que será como quitar un barro de la cara.
Ella sale pálida, más blanca de lo acostumbrado. Le ves rara.
Y bien, se van a comer, ella te lo dice a salto de mata: son triates.
No sabes que hacer, te da mas miedo.
Ya había tomado pastillas para abortarlo, pero no funcionaron.
Pareciera que los embriones se aferraban a la vida. A esperar su tiempo en el cuerpo de su madre.
Vuelva la semana siguiente, le sugirió el doctor.
Recorren en tu carro los 210 kilómetros de diferencia. Puedes con el silencio guardar demasiadas emociones.
Regresan la semana siguiente ya decididos. Ella sigue pasando por mareos, vómitos y ascos. No los puede ocultar. Hasta el simple hecho de abrir el refrigerador y percibir los aromas de la comida en su interior.
Vuelve ella a llenar el papeleo. Costara 420 dólares. Tu te haces el distraído y ella paga la cantidad convenida.
Una hora y media mas tarde te la regresan. Esta sedada. Como puedes la llevas al auto y buscan algo para comer y un hotel donde dormir.

Anoche mientras veías “Plaza de Almas” aun presente el poema de Gelman, no soportaste más. Dos pastillas azules y una blanca. Pero antes lloraste, en esos 15 minutos que tarda el hígado en procesar las substancias.

Tuesday, July 12, 2005

Dancing in the streets (version light con David Bowie y Mick Jagger).

Ordinaria Locura

Dancing in the streets (version light con David Bowie y Mick Jagger).

Para los 4 Fantásticos

Una botella de agua tirada, llena de hojas secas. Al paso. Translucida. La veo y me dan ganas de guardarla. Como lo hago con la arena cuando voy al mar. Tomo cerveza y en algún vaso desechable levanto esos granos revueltos de tanta historia. Le pongo una liga y va de vuelta, los 500 kilómetros que me separan del sonido de las olas.
Es la cabala. Si has de volver a un sitio, recoge un pedazo de esa tierra, ponla en un recipiente y espera el paso de los años. Algún momento, esa promesa tendrá que cumplirse.
Mi ciudad es como esa botella de agua. Podemos ser translucidos, corriendo detrás de la puerta, para encontrar una salida.
Anoche mientras esperaba conciliar el sueño, recordaba como el viernes nos pusimos de acuerdo Iván y yo, para asistir a la presentación de un libro de poemas de una autora porteña.
Llegamos a la galería y estaba cerrada.
Ahí encontramos a Lourdes que nos dijo, no es aquí, es en la Casa Guimlabda.
Retomamos la marcha y llegamos al sitio para encontrarnos que tampoco, sino la presentación de otro libro, algo así como “Mamá soy gay y no me digas nada”.
En la esquina, en posición de estatua, mirando al horizonte cual marino que descubre tierra a la vista, Arcadio, nuestro poeta que deja a sus trabajos elegir a sus lectores, esta buscando también que hacer.
Le invitamos y ya somos para los policías una pandilla: Iván, Lourdes, Arcadio y yo.
Descidimos investigar en la Casa del Campesino a ver si encontrábamos una guía cultural.
Sorpresa. Fascinación. La presentación es hasta dentro de una semana.
El ya vez no se puede confiar. A ver de quien fue la idea de asistir. Todos volteamos a vernos a todos.
Este circo de cuatro esquinas. Vamos pues al Reforma a tomar unas cervezas. Propongo.
Como judíos errantes salimos de la Casa del Campesino. Antes de llegar a la avenida encontramos a Luis con su novia Thelma.
A donde van todos juntos. Alguien avezado le dice que nos hemos ido sumando en el camino. Que íbamos a una presentación que será la semana siguiente.
Vamos al Reforma. Al rato les caigo promete. Más bien, se escabulle para estar un rato con su novia.
Llegamos al Reforma. Pedimos un domino para hacer la noche mas placentera.
Lourdes le permite ganar de calle a Iván todas las partidas de domino.
También deja Lourdes que los tarros se llenen de espuma, cuando los vacía de la jarra.
Arcadio sigue en el avión. Pensando en algo que estará por pasar, pero que nadie lo sabe. Solo Iván y yo nos enfrascamos en un duelo de domino.
Mientras Arcadio recuerda el más reciente reto con Iván, cuando en una cervecería se batieron a versos por una chica. Donde el ganador improvisado, Arcadio, solo pudo obtener en la refriega, el teléfono de la güera tan platicada ya. Cuando la acción se presentaba de lujo para algo más.
Bebemos dos jarras y muchos tarros.
La ciudad es esta botella sin tapón. Somos sus hojas secas esperando a que alguien pase por nosotros.

Monday, July 11, 2005

ESTAMOS BIEN PERO QUE LE VAMOS A HACER

ORDINARIA LOCURA

ESTAMOS BIEN PERO QUE LE VAMOS A HACER


Despiertas y lo primero que sientes es ganas de ir al baño. Te desperezas y corres hasta alcanzar la meta.
Como siempre lo haz hecho, buscas una buena lectura para acompañar este trance. No esta de más cultivar un poco el alma.
Se da la casualidad: hoy no pasaste la noche en casa, ni el water es el que acostumbras para liberar tus penas.
Te levantaste con la urgencia y tomaste una revista, de esas que los españoles acostumbran a llamar rosas, o del corazón.
De puro chismorreo. Los actos más fatuos de quienes se hacen llaman estrellas del firmamento artístico.
Descubres que la revista tiene un pequeño artículo basado en las niñas que comienzan a ser mujeres: que habla desde el primer beso, llegando a la primera relación sexual.
Parece que no pasaras un rato aburrido leyendo semejantes bestialidades.
Abres con paso de tigre las páginas, solo que encuentras en el momento de llegar al artículo de tu curiosidad: la página anterior engrapada: así como un buen bonche de hojas.
Haces memoria de la extraordinaria curiosidad de cuando veías las primeras películas porno en la video de casa, en ausencia de tus padres y hermana, en franca libertad de explorar tu sexualidad.
Estas en casa de tu sacrosanta novia, sus padres en viaje rumbo al mar, y tu anoche amaste a su hija en esa casa, donde pegaron las almohadas a la pared para no hacer ruido mientras el hermano de tu chica seguía en el patio rapeando con sus amigos: la vida es una mordida, aun te lleve la jodida, yo seguiré con alegría, ah ah, y en esta calle yo llevo el peso de la rima.
Tú escuchas ahogando la risa y los gemidos de los dos.
En la mañana que te das cuenta de la censura, de las cadenas en esas páginas, comienzas a sospechar que te encuentras con una familia de modales conservadores.
Chalé dices.
¡Oh tragedia!. Te animas a hacer un pequeño dobladillo, pero están reforzadas las páginas.
Te das un buen regaderazo para comenzar el día: regresas a la cama fresco. Ella aun esta adormilada. Le das un beso y los buenos días.
Le cuentas tu sorpresa con la revista, ella te dice: perdón amor, pero ya te diste cuenta. Y corre al librero y te muestra algunos tomos de la enciclopedia, que están censurados.
Vaya, suspiras con enojo, y se te antoja salir a fumar más que volver a tener sexo, porque su hermano duerme aun borracho, en el cuarto de al lado.
Tú eres el novio, que viene de visita hasta esas tierras ahora tuyas, que se parecen tanto a donde naciste: te sientes en paz.
Pero no toleras su intolerancia. De plano. Estas bien amado, pero que le vas a hacer. Huele su cuerpo a tu madrugada. Meses después.
Cuando ella te dijo que había esas noticias no buenas. Lo primero que pensaste es ya valió. La embarace. Pero haces cuentas y te das cuenta que ya no te calienta el sol. Con ella alguien más se enredo.
No lo esperabas. Ni hablar.
A seguir pedaleando con la mirada perdida.
Le vas a tu equipo, aunque gane.

Friday, July 08, 2005

Margaritas mix up

ORDINARIA LOCURA.

MARGARITA MIX UP

Lo había prometido desde meses atrás. Jurado y perjurado: en la comarca nadie tiene el toque de ella para hacer las mejores margaritas.
Siempre he sido un tanto desconfiado, por no decir incrédulo y malhumorado. En ocasiones pueden darse cuenta por el color de mi cara.
Hay días que soy enteramente blanco: en esos momentos nada pasa por mi mente. Si me encuentran de color rojizo es consecuencia de algún esfuerzo o por simple quemadura del sol.
Pero también estoy en presentación azul: es los días menos soleados, cuando la melancolía ha tomado por asalto mi cuerpo.
Los días grises y negros son sino recibo mi sueldo a tiempo y no tengo efectivo para salir a beberme algunas cervezas o tom collins con mis compas.
El día menos frecuente es el de color amarillo: me siento feliz y no hay nada en el mundo capaz de arrancarme ese sentimiento.
Ese domingo por la tarde, después de dejar a zoe con sus abuelos, todo en mi era amarillo. Tan intenso cual el sol en este caluroso verano.
Cuando llegamos a su departamento ya tenia sed, una necesidad de beber de 89 kilómetros por litro.
Como buen invitado me gusta esperar en la sala. Ella en la cocina. Nuestra platica tras los muros de concreto.
Nos hemos dado cuenta de cómo va creciendo la pequeña. Yo soy un orgulloso gruñon que bebe de cada sonrisa. Salvo cuando me da migraña y decido por voluntad propia, alejarme del mundo, cortar la cabeza de tajo y dormir en el suelo de los necesitados. A sobre saltos y cantando como una iguana pegada a la almohada.
Ella sale con dos vasos escarchados con sal.
Salud, decimos al unísono. Me siento como candidato ganador. El licor acaricia mi garganta. Soy parte principal de esta sociedad. No enseño el cobre aun. Quiero más de esta situación.
Ella corre a la cocina y prepara no uno, sino dos tres o cuatro litros.
Hablamos y seguimos hablando.
No se como llegue a casa. Ni lo que pasó después. No tengo miedo. Esquive los retenes, las calles desiertas: la madrugada.
Ya amaneció. Tiene razón: sus margaritas mix, son como un buen concierto de rock. El deseo lo dejamos para más tarde.
Como todo buen fresa para mi es el alcohol. Ella es una chica que cumple todas sus promesas. Me agrada. Hoy el día es amarillo aunque huela a quemado.

Thursday, July 07, 2005

Pastillas acaloradas

Ordinaria Locura.

Pastillas acaloradas

Tienes razón: ya nada mas tenemos por decir. Cada uno debe de caminar, como si fuera un mal beso: el último recuerdo.
Tanto te quise y el destino se ensañó conmigo: tus roces, tu fama de bonita: ese velo enredado mostrando tus chamorros.
Esa sonrisa lamento no verla más.
Sacudo los rincones del corazón.
Te soy infiel. Lo reconozco. Tengo tanta nostalgia que deseo volver a ti. Abrir la puerta de mi casa, verte llegar con el sol.
Me pone triste cuando me preguntan por tanto odio.
Pero lloro si tu cabello cambia de estación.
Se tu ingratitud, tu desenfado, tus ganas de aplastarme.
Igual lo has hecho ya con tantos, y ahí siguen, siendo tus perros falderos.
Moviendo la cola al menor capricho. Pobre de ellos, ya han perdido la memoria.
Quise invitarte a estar en mi mente, a no dejarte nunca, ni en el momento mortal.
Anhele un abrazo tuyo, y me diste una hija para atarme más.
Me envenenaste con el puñal de tus madrugadas.
Te busque en la piel y solo había un cuerpo invisible. No somos nada hoy: solo dos extranjeros que se hincan en el mismo altar
Tu revolución es mi pan. Mi costumbre es abulia para quien me observa desde el otro lado de la acera.
Siento celos si te nombran. Te hago la guerra, el amor, el feo.
Me tomo unas pastillas que dicen sirven para la memoria.
El mar esta demasiado lejos, aun nos bañemos dos veces al día. La arena de tu río, la piedra bola. Solo sirve para descalabrar gente. Me sigues golpeando.
El poeta no debe de amar su ciudad. Por eso me siento maldito, aun no vista de luto. Te amo hasta mi locura.
Ahora se que me has expulsado. Te has encaprichado, como lo hiciste con tantos, nombres no me faltan.
Me dueles en cada uno de los retratos que veo en venta. Como esposa infiel y corrupta, mentirosa.
Eres eso, una ciudad impostora: sodomita y persignada. Mal bicho. Misterio y tromba.
Por eso he prometido, en esta hora de silencio, ya no hablar más de ti.
Carguen con tu féretro otros incautos. Yo ya no se quien fui.
Si nos volvemos a encontrar, hagamos como si nada hubiera pasado.
El valle se cierre en esta hoja.

Tuesday, July 05, 2005

Dedución

Si Dios es amor
Y Rigo es amor
Dios murio primero
Y después rigo
¿Que paso con el amor?

Live to tell

Ordinaria Locura
Vivir para contarla
Para Orfa Alarcón

Miedo es lo sentido, lo imparable. Miedo es angustia y desnudez.
Anhelamos ver siempre el amanecer. Escuchar el abrir y cerrar de puertas. Dejar correr el agua de la regadera; nos acompaña el rugido del reloj, el sol colado entre las persianas.

El más profundo miedo es la respiración de la mujer parturienta. En un segundo se escapa la vida. En otro nace la hoguera de la felicidad.

La diferencia entre la existir y desaparecer es tan solo un respiro: una nota en la sinfonía del electrocardiograma.

Atrapado debajo del mar, apenas pude salir a tomar aire. Era Cancún: hermosa playa, donde todo el cielo azul se vuelve verdad.

El mar jalando hacia dentro. El agua corre y en los ojos quema la sal. A lo lejos la soga salvavidas.
Lo intento una, dos, tres mil veces. Busco la orilla, la arena por lo menos.
El mar como serpiente, envolviendo hasta asfixiar. Yo saco la bandera blanca y me rindo: ahora si: puedes llevarme mas adentro.


Es estúpido viajar tantos kilómetros para morir el primer día de vacaciones.
Los amigos a lo lejos se broncean. A su lado esta mi Cohiba apagado, el libro de Madame Bovary y el termo lleno con ron.
Por instantes quiero volver a casa. Me esta llevando ésta espiral y el tiempo corre tan rápido que nada sigue igual.
Las olas pasan, menos mi respirar. Me suelto, lo mejor y lo peor de la vida pasan en cuadros de microsegundos.
Una ola enorme me saca a flote donde ya puedo tocar arena. Se sueltan de los grilletes mis manos, los pies, las piernas, los dedos: todo el cuerpo.
Salgo de esta cárcel llamada mar, fui encontrado inocente.
La orilla es la salvación, mi gloria. Donde me espera un lugar cualquiera para ponerme a broncear.

El carbón ya esta encendido. En el patio celebramos el cumpleaños de Mayela. No corre nada de viento.
Las cucarachas vuelan como queriendo huir de este mar de calor. La hoguera, la ciudad.
Una, dos, cinco, cucarachas enormes, cafés, supongo que son fuertes, porque así truenan cuando las aplasto.
La carne asada tardará más tiempo en salir.
Soy el ayudante de Pablo primero.
Le digo, jefe ya casi esta listo.
He creado un mecanismo de defensa para no enfrentarme con nadie. Sino ser ese segundo de paz.
Una pequeña cucaracha en el piso se acerca a mis pies. No me muevo ni un centímetro. Conozco su veredicto y se el momento de su ejecución. Las cucarachas mas grandes todas han muerto bajo la suela de mi zapato.
Pero esta cucaracha se acerca, me asecha, y como si entendiera, que el mal esta en la frontera de mi zapato, regresa por donde vino y se pierde en el césped.
Ni hablar. Ella, como yo, si alcanzó a vivir para contarla.

La dama y el vagabundo (versión extended)

La dama y el vagabundo (versión extended)



la noche blanca
sobre mi cama

envuelta
de sombras
y de papel periódico

yo alcohol
con miche mix
marlboro blanco
un par de velas
e incienso

mi boca de humo
recitando poemas
de arnulfo vigil
y de jose emilio pacheco.

detrás de nuestra barda
el vecino
ilumina la noche
con su acordeón

nota tras nota
comienzo a tararear
mi tesoro
de los relámpagos del norte


solo nos faltó
el plato de espagueti con albóndigas

American Standard

American Standard.


supongo
que un día Díos
decide ponerme hacer algo
aunque yo no lo sepa
porque así es su voluntad.

salgo de casa
manejo escuchando
a guns o aerosmith

da lo mismo
cuando estas de color azul

voy y me estaciono
donde nunca lo he hecho

tomo mis audífonos
de la parte trasera
del carro

me abrocho
el último botón
de la camisa

la corbata no corre su nudo

ya parezco
manager de un autozone
aunque soy periodista


pongo el bastón
el freno de mano
el protector de sol
con la figura de conejitos
para que no se caliente
el interior

los condones
que duermen en
la guantera

saludo a las vecinas
de la calle espinosa
y ellas me ven con mala cara


quisieran salir con sus escobas
y sus cubetas con aromatizante
barrerme de sus banquetas

pero no pueden
porque Dios ha decidido
ponerme a hacer algo.


llego a mi trabajo
el mismo
de hace dos años
que me ayuda a pagarle
a la neurótica
me rasco los ojos
y paso la tarjeta
por el lector electrónico


llego al sexto piso
y camino un cuadrado
voy con mi bote de agua
y lo coloco
debajo del despachador


tengo el mismo tiempo
mientras se llena
para orinar

Alicia en el pais de las marranillas

Alicia en el país de las marranillas


murió alicia
y con ella
murieron dos cientas
quince mil bacterias
que no tenían solución
salvo alimentarse
de su pachorra.



murió alicía en tres cuartas
partes de humanidad

fue antes
según el tiempo de américa del norte

en europa no pudieron
confirmalo

y en australia
dijeron que era solo un rumor
la desaparción de alicia.


murió entre las piernas y en los pies
luego trato de morirse
de la cintura para abajo
pero la había extraviado.
como aguja en saco de harina.

por ultimo se murió
con un suspiro
libertador de las doscientas
quince mil bacterias
y bichitos malos.



murió intoxicada
de los vapores
de los textos confabulados
de los periodistas
mediocres
de los pepenadores
con corbata
de las servilletas
mal acomodadas

de los suicidas moneros
de los viernes
de domino



murió porque se hincho
de tanta basura

de un reloj plateado
que no da la hora exacta
sino cuentas por cobrar.

Ordinaria Locura

ORDINARIA LOCURA.


Papa decidió que ya era suficiente.
Así que fue hasta mi cuarto a pedirme de la manera más atenta, osea a fuerza, que saliera al patio y en las tres cajas plásticas compradas en Bodegas California, selecionara lo que servia y lo demás lo desechara.
Reconozco que el Resident Evil “Survivor” de Play Station es adictivo, lo que me inmovilizo la mayoría del invierno.
Dicho juego puede causar efectos varios, como por ejemplo: dormir y entre sueños terminar cualquier stage en el menor tiempo; además de las ampollas y ansiedad que genera no tener el control en mano.
He pasado por 2 divorcios y una relación deprimida, así que tengo derecho a no moverme hasta que mis delicados pies decidan ponerse de acuerdo y den el primer paso.
Las tres cajas tuvieron que ser cubiertas con una lona azul. Cayó una helada el 24 de Diciembre. Llovió enero, febrero sigue siendo un mes para olvidar, y en este marzo que el sol calienta mas, mi hija me dijo: papi que hay ahí.
Entonces entre los dos comenzamos a hacer una labor de antropología existencial. Zoe es mi hija, tiene 3 años y es muy observadora y meticulosa.
Desprendimos la lona y en mi primer caja encontramos mi album con barajitas de los Tigres Campeones. Es divertido ver en shorts a Leo Alvarez con ese antiguo corte de cabello. O a Pilar Reyes, Boy o Orduña. El gran evento fue reencontrar un autógrafo valiosísimo con letra manuscrita: Para mi amiguito Gerson de su amigo Barbadillo.
Claro, el autografo estaba pegado al lado de una fotografía de maradona de los setentas: aquel muchacho espijado, de barriada, corajudo y de cabello crespo, que volaba en el aire al celebrar sus goles.
Cerramos la primera caja.
Zoe me pidió que mejor fueramos al parque a jugar a los columpitos.
Ni hablar. Papá tendrá que esperar a que descubra que hay en las otras dos cajas, que volvimos a colocar con la lona azul.

P.D. La solución para terminar el Resident Evil “Survivor” es utilizar con el último mutante el revolver y no las armas más letales. A veces lo sencillo es la solución.

Campanita

ORDINARIA LOCURA.
CAMPANITA


Para El Trejo y Marcelo
La ví a un lado de la barra. La luz menos que a medias. La vi sentada. La volví a ver en cuclillas. A veces completamente doblada.
La ví fumar un cigarro interminable. La vi cantando esas canciones gastadas.
La vi con los pantalones de pana arremangados. Sus tenis de boxeador, altos y delgados. Todos nos dimos cuenta su estar a la moda.
El cabello rojo, trasquilado, con dos ligas como las que usa mi hija para traer parado su cabello.
Iván le preguntó su nombre, rompiendo las ansias y el silencio.
Ella le dijo: Ana.
Pensé en Ana de los mil días. En la enferma Ana que se consolaba abrazada de las ilusiones por la televisión.
En Ana, mi eterna novia, la que jamás dejo de ser parte de mi vida.
Ana la que ahora vive en otra ciudad, casada con otro hombre, y la que es por muchas ocasiones un silencio ancestral.
Ana la que una vez reencontré de visita comiendo en Valle Oriente.
Ana su hijo en brazos. Ana saludándome. Ana y sus padres.
Ana y el mundo girando en derredor de nosotros.
Yo perdiendo el miedo a vernos después de tanto tiempo.
Zoe saludando al hijo de Ana. Zoe besando al niño en su frente y diciéndome: mira papá el bebé que lindo esta, cuando trataba de llevarlo en brazos. Aunque fuera un solo instante. Zoe siendo la madre del hijo de Ana.
Ana la sonriente Ana. Ana la eterna Ana. La extranjera ya.
Ana, la de los cabellos rojos, después de que ella le contesto a Iván su nombre él le dijo: no, tú no eres Ana, tú te llamas Campanita.
Esa noche Campanita fumó, camino kilómetros por entre las mesas llevando las bebidas, se doblo en pedazos, y yo la observaba hasta que me atreví a decirle: tú no eres de aquí, de este mundo.
Sonrió y sus ojos me dejaron descubrirla. Tenía una varita mágica.
Un par de antenas en forma de ligas. Volví al país de los niños perdidos.
Ana se escondió detrás del polvo que las hadas usan para hacerte volar.
La ví regresar en el tiempo.
Seguía siendo la misma canción, vez tras vez.
Ana con los pantalones menos arremangados como al principio. Ana apagando su dolor. Ana vuelta ceniza.
Yo saliendo de su ciudad, llegando al parque, antes que la mañana despertara.