Thursday, January 26, 2012

Cielo Azul cielo nublado






En este montón de tierra humedecida, donde pongo los pies, observo a donde no llegaré, aunque tenga papeles, carece de motivo cruzar, no requiero de visado, para mi, no hay frontera que me detenga.

Corre el Rio Bravo de los mexicanos, Rio Grande de los estadunidenses.

Las patrullas de la border patrol, la migra, entre las brechas, juncos y hierbas dispersas. Los sensores láser colocados, gravitantes. Ahí van, despacio, acosando, en un segundo, depredan con fiereza.

Poco me interesa la pasada.

De este lado, soy feliz.

Trabajo no falta, aunque la paga es poca. Soy lo que se puede decir, un ajustador de cuentas.

Apenas caiga bien cerrada la noche, la luz mercurial se encienda, salgo de casa rumbo a la oficina. Tic tac tic tac.

Vamos peleando y desapareciendo a la contra.

Soy lo que en el mundo conocen como un vampiro.

El monstruo de Reynosa, el chacal ejecutor al servicio del señor, me han nombrado en twitter y en el Facebook.

Se sorprenderían. No soy nada feo. Talla 33 en 501 de Levis, camisa Perry Ellis y zapatos Ferrogamo. Poseo frente alta cabello ralo rubio, ojos grises que delatan tristeza.

Doctor en medicina por la Universidad de Paris. Maestría en Desarrollo Humano, interesado en Antropología Social de las tribus del Noreste Mexicano.

Bajo perfil, no visto llamativo, de calaveras o con pose de ángel del infierno. Conduzco un lebaron 97 regularizado, sin vidrios polarizados, con placas de frontera Tamaulipas.

Comandante Negro, me dicen, esa es la clave.

Prefiero me llamen así a depredador insaciable. Soy solo quien cierra los círculos de vida.

El último grano de arena que cae, del gran reloj universal.



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